Al
hurgar en las diferentes razones por las cuales muchos hombres y mujeres, decide tener un
hij@, es frecuente encontrar argumentos como , “después del matrimonio vienen
los hijos”, “ para que mi hija tenga un hermanito”, “estamos buscando la
hembrita”, “para no quedarnos solos en este mundo”, “para asegurar a la pareja”, etc.
Sin hacer juicios a estos argumentos,
detengámonos a pensar en lo que significa o implica concebir a una nueva
persona. Trascendamos la idea funcional que pudo haber motivado su llegada y
acerquémonos a la persona que viene a formar parte de este mundo, incluida su
posibilidad de transformarlo.
Ser padres y madres va más allá de del simple hecho de tener
hijos o hijas y nos asigna una gran responsabilidad respecto a la nueva
persona, al nuevo ser que hemos invitado a formar parte de este lugar y lo
menos que exige es su propio espacio y
una bienvenida.
La
naturaleza ha dotado a nuestro
cuerpo de la magia fisiológica que
propicia el desarrollo de una nueva vida, pero este crecimiento dentro del
útero no es exclusivamente físico; como ser humano en gestación, sus dimensiones emocionales, espirituales,
cognitivas están expuestas durante su experiencia intrauterina.
Mientras
más personas tomemos consciencia de
ello, pues seremos más activas y activos en la
gestión de una vivencia más
plena, saludable, protagónica durante la gestación.
Una
nueva generación de padres y madres es el
reto, que asuma con consciencia y protagonismo su experiencia
gestacional, que desde su seguridad y libertad vivan su experiencia de parto y
que ofrezcan la sentida y merecida bienvenida a su hijo o hija al nacer.
Una educación prenatal tendrá sentido en la
medida en que atienda las demandas particulares de los tres protagonistas,
madre, padre, bebé y en la medida en que
promueva una gestación consciente, un
parto en libertad, un nacimiento amoroso y una familia transformadora.
Taumanova Álvarez

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